“Sigamos por el andadero siempre hacia el Oeste, hasta que el tiempo se agote, hasta que las piernas doloridas nos digan basta. Sigamos, porque la recompensa que nos aguarda, es la tumba de Santiago postrado en su morada”.
Desde hace 11 siglos el Camino de Santiago ha sido un itinerario cargado de historia, magia y misticismo, que ha atraído a multitud de personas venidos de todos los rincones del mundo.
Todos acuden a la ciudad de Santiago de Compostela, donde se venera las reliquias y la tumba del apóstol Santiago el Mayor. Durante toda la Edad Media fue muy concurrido, después fue ligeramente olvidado y en la época actual ha vuelto a tomar un gran auge. El Camino de Santiago ha sido declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad; Itinerario Cultural Europeo por el Consejo de Europa y ha recibido el título honorífico de Calle mayor de Europa.

De Lugo a Santiago de Compostela. 124 Km.
Lugo – Belesar – Mougan - Berlai – Portomarín

Dejamos el coche en un parking de Lugo para asegurarnos su seguridad antes de emprender nuestro proyecto.

Tras sellar las credenciales en la catedral de Lugo emprendimos la marcha por la carretera local Lu – 612 que nos llevaría hasta Portomarín.

La etapa se presentaba muy dura y deslucida. No solo andábamos durante todo el trayecto sobre asfalto, si no también empapados por una lluvia que no dejaba de caer.

No paró de llover en todo el día. Pero por fin estábamos cerca de Portomarín.

Una vez alcanzada nuestra meta, después de tanta lluvia, celebramos nuestra primera etapa con sidra traída de Asturias. Prepare dos botellas, una para bebérnosla al inicio y otra para celebrar el final denuestro proyecto.
Portomarín – Palas De Rei
15 Km de recorrido 8 Horas de duración

Toma de contacto con el camino original. Cerca del Albergue de peregrinos nos fotografiamos junto a este cruceiro.

Las primeras flechas amarillas que nos llevarán a Santiago.

Llegamos a Las Ventas de Narón. Su reducido conjunto urbano no se corresponde a la antigüedad., ya que este sitio parecía un gran centro comercial. Los peregrinos solían reponer fuerzas aquí antes de cruzar la Sierra de Ligonde.

Podemos encontrar los más diversos peregrinos. Unos viene a pie, otros en bicicleta y como no… otros prefieren hacerlo a caballo.

Por fin llegamos a Palas De Rei. Cenamos en un cochambroso lugar donde “la camarera era todo un ejemplo de pulcritud” La comida fatal. Menos mal que nos tomaos todo con buen humor. Tomamos la decisión de bebernos la sidra que guardaba para Santiago. La botella pesaba demasiado.
Palas De Rei – Melide

El día se presentaba lluvioso. Comenzamos a andar por este camino que transcurre entre un bosque espeso y húmedo que parecía engullirnos a todos.

Llegamos a Labodeiro, donde nos encontramos un “cabaceiro”, (un hórreo en forma de canasto de ramas de salgueiro”.

Hicimos un alto en el camino para ver la Iglesia de La Virgen de las Nieves

Poco después, una calzada romana nos llevaría hasta Furelos tras vadear el río Porto.

La suerte nos acompaña y no llueve. Seguimos deleitándonos con los parajes que encontramos a nuestro paso. El olor a hierba mojada se mezcla con un aire puro y fresco que invita a seguir caminando.

Junto a Melide se encuentra Furelo. Llegando a él cruzamos por un puente romano de cuatro ojos.

Es hora de hacer una parada para descansar en la taberna Casa Farruco, donde aprovechamos para sellar las credenciales.

Llegamos al final de etapa. En Melide cenamos en la Pulpería Longos, que nos fue recomendada por “el Bigotes San Julián”, un pintoresco personaje de largos bigotes blancos. Acertó plenamente, ya que fue el mejor pulpo que comimos en Galicia.








En dirección a Salceda encontramos el monumento a Guillermo Watt, peregrino fallecido en 1993 a solo una jornada de Santiago.

Cerca de Tabernavella nos encontramos el monolito que indica que solo quedan 32 Km hasta Santiago. Estábamos contentos de llegar enteros a Santiago de Compostela.

Un oasis en el desierto. Un bar entre tanta casa nos da cobijo y abrigo para descansar.

La ruta Jacobea pasa por Ruá. Este pequeño pueblo depende de la localidad de Arca donde se ubican albergues para repartir a los muchos peregrinos que transitan acercándose a Santiago.

Este carrito pertenece a uno de los peregrinos que partieron desde Roncesvalles. Tiene mil reparaciones. La foto lo dice todo.


La seguridad está presente en las últimas etapas del camino a Santiago. Esta pareja de la Guardia Civil hace el papel de los caballeros templarios en la era moderna.

Dentro del plan de emergencia que se activa en esta época del año, la Cruz Roja también vela por la salud del caminante. Esta dotación de voluntarios atienden a los peregrinos que se acercan maltrechos por las largas caminatas.

A estas alturas del camino es normal que en cada localidad se improvisen lugares para albergar a los peregrinos. Estas carpas en concreto están albergando más de 800 peregrinos diarios.

Nuestro último día de caminar. Salimos muy temprano para poder llegar a “La Misa de Doce”. Empezamos la etapa adentrándonos por una oscura “corredoira”. Esto es un ejemplo vivo del camino medieval. Es el último bosque, esta vez de eucaliptos. Mejor saborearlo despacio porque es el último.

Era de esperar que en los últimos kilómetros nos juntáramos con un rio de peregrinos.

Nos topamos con esta patrulla de la Policía Nacional. Otra prueba evidente de la seguridad en el camino.

Llegamos al Monte do Gozo. Era aquí donde los peregrinos medievales caían de rodillas entre sollozos cuando veían por vez primera las torres de la catedral.


El camino confluye de nuevo con la carretera. Un puente sobre la autovía da acceso a la ciudad.

La Calle San Pedro nos lleva hacia el casco viejo de la ciudad. Desde aquí podemos ver despuntar las torres de la Catedral.

Falta muy poco para llegar a la Catedral. Antes debemos pasar por la Plaza de la Quintanilla. En ella se encuentra un pasadizo con algunos gaiteros que nos reciben con unos melodiosos acordes de gaitas.

Por fin la Plaza del Obradoiro se abre ante nuestros ojos. El recinto acoge a cientos de peregrinos. Ellos ensimismados miran hacia la Catedral, como nosotros, conscientes de la hazaña que estábamos llevando a cabo. Por fin, estamos en Santiago.

Aquí encontramos el conjunto catedralicio y podemos entrar en el templo y observar el Pórtico de la Gloria, digno final de un viaje de 124 Kilómetros a pie.


Nosotros, por nuestra parte, visitaremos al santo. Viviremos la experiencia de escuchar la misa donde se nos da la bienvenida y cumpliremos con la tradición de abrazar al santo y de hundir los dedos en la base del parteluz del maestro Mateo.

Solo nos queda recoger la “Compostela”, el documento que da fe de la proeza. Que da autenticidad y nos regala un pedacito de gloria.
“Aquellos que consiguen la Compostela tienen ganado una parte del cielo”.
No sé si esto es verdad, nadie ha venido del cielo para contármelo. Pero lo que es cierto, es la satisfacción que nos llevamos al haber realizado con éxito este camino. Las experiencias, las anécdotas, la convivencia entre personas que hacen sentirnos más humanos, más vivos. Podemos decir a ciencia cierta que la magia de este milenario recorrido existe. Que el camino de las estrellas está lleno de símbolos y misticismo. Que en definitiva hace cambiar a uno mismo.
“Se acaba la odisea, el periplo que ha marcado un hito en la historia, en el misterio, en la leyenda. Culmina nuestro viaje y solo queda el grato sabor de los recuerdos”.
Este artículo es solo un resumen. Para más información: granembolao@gmail.com
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